sábado, 2 de abril de 2016

Japón y los cerezos.

La floración de los cerezos es una razón casi suficiente para hacer un viaje a Tokio en primavera 


El cerezo sakura en floración en el Jardín Nacional Shinjuku Gyoen


Hay más de cien variedades de cerezos en Japón; la más extendida es la someiyoshino. Este árbol, como todos los cerezos ornamentales, no da frutos, sino que se caracteriza por sus hermosas flores de cinco pétalos de color rosa pálido o blanco. Apenas alcanza los seis o siete metros de altura y tiene forma de V. Otra variedad destacada es la yamazakura, que suele crecer en las montañas, puede llegar a tener más de veinte metros de altura y sus flores son también de cinco pétalos y de un rosa un poco más intenso


Las flores del cerezo, llamadas Kawazu Zakura, en toda su plenitud


El Jardín Nacional Shinjuku Gyoen está considerado este como uno de los más importantes jardines que datan de la era Meiji


El Jardín Nacional Shinjuku Gyoen alberga más de 800 especies de plantas agrupadas en tres estilos de jardines: un jardín clásico a la francesa, un jardín a la inglesa y un jardín tradicional japonés, en el que destaca su jardín de cerezos, con una colección formada por 75 variedades distintas


El Showa Kinen Park es gran par­que de 163 hec­ta­réas que se creó para con­me­mo­rar el cin­cuenta aniver­sa­rio del empe­ra­dor Showa


La primavera inspira a los artistas, que sacan sus lienzos a la calle para dar rienda suelta a su arte y pintar algunos de los más bellos paisajes


Millones de personas acuden a los parques con cerezos para fotografiarlos y celebrar la aparición de estas flores


Tokio abunda en lugares para ir a ver los cerezos y la pasión que despiertan sus flores en Japón es tal que hasta de noche las iluminan para poder disfrutarlas más tiempo


Los japoneses veneran la flor del cerezo porque dicen que representan la belleza y fugacidad de la vida y llegan incluso a rendirles tributo en forma de picnic


En el Showa Kinen Park se puede hacer un poco de todo: pasear entre árbo­les, dar un paseo en bici, dis­fru­tar en verano de un remo­jón en sus pis­ci­nas y tobo­ga­nes, mon­tar en barca o visi­tar su gale­ría de bon­sais y su jar­dín japo­nés, espectacular con sus cerezos en flor

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